Crítica de Your name

Del amor como reconocimiento

A efectos populares, Your Name ha representado no solo un taquillazo sin precedentes en Japón sino, para muchos, la confirmación de que Makoto Shinkai está llamado a ocupar el trono vacante de Hayao Miyazaki -nunca retirado del todo-, Isao Takahata y su Studio Ghibli. Al margen de los entusiasmos desmedidos y la sed de acontecimientos relevantes, Your Name, tal como lo fueron 5 centímetros por segundo (2007) o Viaje a Agartha (2011), es una película recomendable.

Lo más brillante de la propuesta es el dinamismo y la vivacidad de una animación que hace del romance adolescente un auténtico espectáculo: imágenes radiantes donde se funden, a través de vertientes diversas de lo animado, el colorido vertiginoso de la ciudad y la quietud mágica del campo, el fantaseo cromático y la fidelidad hiperdetallista de los entornos. A partir de una vitaminada historia de amor más allá del tiempo y del espacio, Shinkai concreta con brillantez técnica y narrativa un relato en el que el amor -entendido como reconocimiento del Otro- es el único sentimiento capaz de difuminar los límites de nuestro cuerpo y nuestra adscripción a una determinada clase social, comunidad y género.

Poderosamente melancólica, Your Name se hace eco de la transformación de toda una tradición cultural en un conjunto de signos progresivamente ilegibles o de la mediocridad que imponen al individuo los ritmos y códigos de la vida moderna. Notas que matizan la alegría que desprende su oda esperanzadora y arrebatada a lo amoroso, única vía de escape a lo peor de nuestro presente. Pero, también es cierto, hay que decir que Your Name, en su pretensión de actualizar todo un legado del anime romántico masificado, queda atrapado en una apostura kawaii más pendiente de lo iconográfico que de trascender las limitaciones del registro, con lo que termina por resultar un producto algo superfluo.

Lo mejor:

Sus malabares improbables entre la melancolía y una concepción espectacular del anime romántico

Lo peor:

Al margen de destellos puntuales, es una película ciertamente superflua

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