Crítica de El traidor

Solo contra todos

La inquietud persistente en la obra de Marco Bellocchio por analizar, con ánimo crítico marcadamente izquierdista, la Historia reciente italiana -de China está cerca (1967) a Vincere (2009), pasando por Buenos días, noche (2003)- lo ha llevado a adaptar parcialmente la biografía de Tomasso Buscetta, individuo de peso notable en la mafia palermitana, clave además a la hora de procesar a una parte sustancial de los líderes de la Cosa Nostra. Como tantos otros trabajos de Bellocchio, El traidorEl traidor no es un biopic al uso ni una película en torno a procesos judiciales: está más cercana a thrillers transnacionales, tan de nuestro tiempo, como Traffic (2000), que a los clásicos del género. Es cuanto menos significativo que los enfrentamientos entre Buscetta y quienes antes formaban parte de su famiglia estén planteados como un intercambio de recriminaciones éticas y sentimentales, y no como cruces de pruebas y argumentos. El hombre contra un statu quo del que resulta imposible desligarse, incluso cuando se opta por el exilio físico y espiritual.

Lo mejor:

Pierfrancesco Favino en una de las grandes interpretaciones de la temporada

Lo peor:

Algunos recursos retóricos que no terminan de encajar bien con el resto del filme

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