Crítica de El joven Ahmed

Tensiones de pubertad

Con El silencio de Lorna (2008), los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne comenzaron un problemático proceso de depuración estilística y renovación narrativa que ha derivado, a la postre, en filmes formalmente tan límpidos como La chica desconocida (2016) o el que nos ocupa, El joven Ahmed. Más aún, el marxismo de corte determinista, que en más de una ocasión llevaba a los personajes y al relato a terminar presos de la tesis de los cineastas, ha virado hacia lo humanista. Aunque El joven Ahmed no pretenda explicar o deconstruir un fenómeno como el del yihadismo en Europa, le bastan unas sutiles pinceladas para reflexionar sobre las distintas expresiones del islam que conviven en el continente. Con un rigor encomiable, la cámara es capaz de expresar, gracias a movimientos y cortes siempre significativos, la relación entre el protagonista, un adolescente que pretende asesinar a su profesora de árabe, y quienes lo rodean. El joven Ahmed rechaza brindar patrones psicológicos que nos ayuden a entender mejor al personaje que da nombre a la cinta. Más bien, los Dardenne condensan en él las tensiones entre el amor inocente por las pequeñas cosas de la vida, y el angst adolescente y su potencialidad destructiva. Un largometraje recomendable.

Lo mejor:

Que los Dardenne reformulen su primer cine desde la madurez, sin un ápice de sordidez impostada

Lo peor:

Como acercamiento a un fenómeno tan relevante, hay quien podría considerarla insuficiente

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