Crítica de Star Wars: El ascenso de Skywalker

Fin de ciclo

Sin ser memorable, pues acusa de nuevo las discordancias narrativas y de producción que han marcado la resurrección por Disney de la célebre saga,

Star Wars: El ascenso de Skywalker, final a la trilogía que completan

Star Wars: El despertar de la fuerza (2015) y

Star Wars: Los últimos Jedi (2017) muestra al menos organicidad como película y como parte del universo de (ciencia) ficción acuñado entre 1977 y 1983; universo con el que, por razones mercadotécnicas, se ha negociado al tiempo que se propulsaban las historias en ¿nuevas? direcciones. Rey y sus amigos vuelven a embarcarse en una misión con numerosas paradas a lo largo de la galaxia, de la que depende la libertad de sus habitantes, amenazada por un viejo conocido. En el desmesurado metraje caben una nostalgia menos irritante que en ocasiones previas, la redención de algunos personajes, la afirmación identitaria de otros, y, por supuesto, aventuras jalonadas por el humor, lo pulp, y un sentido del espectáculo a veces insuficiente y otras próximo a la abstracción figurativa. En todo caso, el cierre de la película evidencia el fiasco creativo de esta trilogía en su conjunto, aunque sus artífices y sus fans tardarán años en admitirlo.

Lo mejor:

Los personajes, en especial Rey y Kylo Ren, empiezan a parecer vivos, aunque sea demasiado tarde

Lo peor:

Ideas muy locas (cargas a galope por la cubierta de una nave espacial) a las que no hace justicia la realización

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