Crítica de En mil pedazos

Imágenes blancas

Adaptación del libro homónimo de James Frey, crónica más o menos veraz en primera persona de los intentos por rehabilitarse de un joven al borde de la autodestrucción a causa de sus múltiples adicciones, En mil pedazos representa la colaboración más estrecha hasta la fecha de la directora Sam Taylor-Johnson y su pareja, el actor Aaron Taylor-Johnson. Este ha coescrito junto a la realizadora e interpreta una película que ya hemos visto muchas veces y que nunca consigue despegarse de sus antecesoras para volar por su cuenta. Como cabía esperar, Frey es internado en una clínica, conoce a alguien que podría otorgar otro sentido a su vida, recae en sus malos hábitos, y se reinventa como ser humano. Todo ello se plasma con una falta de énfasis chocante por parte del actor protagonista y la puesta en escena, que tratan de animar delirios de Frey visualizados mediante efectos especiales. Las imágenes son tan blancas que a veces uno sospecha que se tenido como objetivo un sector juvenil de espectadores, y, otras, que se ha pretendido un distanciamiento crítico respecto del libro de Frey y el subgénero de adicciones en que se inscribe la película. Pero ninguna de las dos opciones legitima a la postre su atonía.

Lo mejor:

Su laxitud es tal que en ocasiones uno tiende a achacarle intenciones subversivas

Lo peor:

Aaron Taylor-Johnson afronta ser James Frey desde una perspectiva interpretativa y física naif

Ir a la película

Etiquetas:



Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *