Crítica de María (y los demás)

Más allá de la familia

La ópera prima de Nely Reguera, tras una prolongada trayectoria como ayudante de dirección, se abre con un plano estático de la protagonista fumando solitaria mientras unas ramas tapándole el rostro. Estos dos recursos -aislar al personaje planificación mediante o cubrir su rostro utilizando algún objeto presente- serán recurrentes a lo largo de María (y los demás): aluden, por un lado, al sentimiento de incomprensión y soledad que acompaña a María (Bárbara Lennie) tras años dedicada a servir fielmente a su familia; por el otro, hablan de su ceguera frente a la propia inmadurez.

Fuera de estas y de otras decisiones formales precisas, pese a lo evidentes, Maria (y los demás) es una comedia ciertamente rancia en lo que respecta a los estereotipos masculinos y femeninos que maneja: véanse los seres encarnados por Julián Villagrán o Rocío León, tendentes ambos al tópico casposo -aunque las hechuras de qualité del filme parezcan disimular este aspecto.

Si cabe destacar positivamente algún aspecto de María (y los demás es cómo, por momentos, su mirada es verdaderamente perversa: una incursión en el mar que casi termina en tragedia (y no accidentalmente) o un par de apuntes incómodos a propósito tanto del carácter infantil de María como de la mezquindad de sus congéneres se despegan de la medianía general de la cinta. Del notable reparto sobresale con especial fuerza Bárbara Lennie en uno de sus trabajos más brillantes hasta la fecha, capaz de salvar de la catástrofe un par de escenas ridículas o de aportar veraces matices dramáticos y psicológicos a su personaje

Lo mejor:

Una fantástica Bárbara Lennie

Lo peor:

Es bastante menos inteligente y aguda de lo que se piensa

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