Simpatía por Keith y John

Montxo Paz

→Fue el 31 de agosto de 1981, coincidiendo con mi onomástica. Como regalo recibí un single de The Rolling Stones, bajo el sugerente título Start Me Up, que había salido al mercado como presentación de Tattoo You, decimosexto álbum de estudio de la banda británica. Tuvo muy buena respuesta del público, pues alcanzó el Top Ten -tanto en Estados Unidos como en Reino Unido- y también fue número 1 en Australia. Considerada una de las canciones más pegadizas de los Stones, abre con un riff de guitarra característico del estilo de Keith Richards. Un sonido vibrante y adictivo al que me enganché para siempre. Desde ese día lo escucho sin descanso una y otra vez, asociándolo a distintos momentos de mi vida.

La primera vez que vi en directo a los Stones fue en el estadio Vicente Calderón de Madrid, el 16 de junio de 1990. Jagger y compañía abrieron el concierto precisamente con Start Me Up, mientras se me erizaba la piel de la emoción. En la gira de 1998-99, para presentar el álbum Bridges To Babylon, los vi en dos ocasiones, una en Vigo en el 98 (apertura con Satisfaction) y otra en el 99 en Compostela, en la que comenzaron el show con Jumpin’ Jack Flash. Trece años después, el 25 de junio de 2003, tuve la fortuna de verlos de nuevo, esa vez en San Mamés, en un concierto muy esperado por los seguidores bilbaínos, ya que venían acompañados por unos teloneros de lujo, el quinteto Pretenders, liderado por Chrissie Hynde, fundadora, compositora, guitarrista y vocalista. Esa vez el setlist estuvo encabezado por Brown Sugar, el legendario primer sencillo del álbum Sticky Fingers de 1971. Fueron espectáculos inolvidables, que siempre me acompañarán.

Precisamente en Bilbao tuve oportunidad de ver por primera vez a otro de mis grupos fetiche, los californianos Red Hot Chili Peppers. Fue el 18 de abril de 2006, en un concierto para quinientas personas que se celebró en la explanada del museo Guggenheim. Un evento en el que presentaron el disco Stadium Arcadium, que se puso a la venta días después, en uno de los actos programados por el cuarenta aniversario de la cadena 40 Principales. La actuación se abrió con la guitarra de John Frusciante al ritmo de Can ́t Stop, al que siguieron otros temas como Dani California y algunos de sus clásicos, en un anticipo de su nueva gira mundial. Un álbum muy alabado, tanto por la crítica como por el público, y que supuso un cambio en el estilo de Frusciante, acercándose a los patrones rítmicos inspirados en la complejidad de los trabajos de Jimi Hendrix o Eddie Van Halen, frente a su etapa anterior influenciada por el punk underground y los músicos de new wave. El show de Bilbao fue el segundo de una serie de cinco actuaciones de formato reducido que ofrecieron los californianos en Europa para promocionar la salida de su nuevo disco (Londres, Bilbao, París, Hamburgo y Milán). Tras diez años de ausencia, John Frusciante regresó el pasado mes de diciembre a la banda, para regocijo de su legión de seguidores, entre los que me encuentro.

Keith y John representan dos estilos diferentes, una mezcla de emotividad y melodía. Son dos músicos virtuosos por los que siento absoluta devoción. Señoras y señores, les confieso mi simpatía por estos dos diavolos de las seis cuerdas. It’s Only Rock ‘n’ Roll (But I Like It).



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