Crítica de Expediente Warren: El caso Enfield

El compromiso como resistencia

Tres años después de estrenar

Expediente Warren: The Conjuring (2013), con un descanso de por medio en el que rodó

Fast & Furious 7 (2015),

James Wan vuelve al terror en plena forma, despejando las sospechas de los escépticos que temíamos el estancamiento de una creatividad algo empantanada en sus últimos títulos.

 

Expediente Warren: El caso de Enfield se centra en otra de las célebres investigaciones del matrimonio de expertos en fenómenos paranormales Lorraine (

Vera Farmiga) y Ed Warren (

Patrick Wilson); pero lejos de convertirse, como ocurriera con

Insidious: Capítulo 2 (2013), en una reiteración de los modos del filme original, abre nuevos y estimulantes caminos en la carrera de Wan.

 La herencia de los maestros del horror contemporáneo y la búsqueda de vías inexploradas para el género da lugar a una producción que tiene muy clara su condición de montaña rusa genérica: en pocas ocasiones el terror actual nos ha puesto frente a un trabajo audiovisual tan brillantemente visceral, apostando por una experiencia orgánica y siempre sorprendente que apela de manera directa, sin guiños cómplices, a las emociones más genuinas de la audiencia.

 Por primera vez en la carrera del realizador de origen malayo, son los fantasmas del futuro, y no los de un pretérito neblinoso, los que asedian a los personajes. La tensión, habitual en su filmografía, entre el ayer y el hoy -en términos creativos, pero también de discurso-, se condensa ahora en la transfiguración espectacular, absolutamente actual, de terrores clásicos, ante los cuales se plantan los entrañables Warren con talante demodé: una conmovedora resistencia a los tiempos líquidos desde una concepción del matrimonio y la familia que bien podría parecernos extemporánea o incluso conservadora en esta época de furor ideológico. Pero, ¿tiene realmente esto algo de malo?

 Una lectura que sabe esquivar lo naif a través de una naturalidad y una madurez en la recreación de los personajes verdaderamente loable. Menos sobrecogedora que su predecesora,

Expediente Warren: El caso de Enfield gana peso con respecto a aquella en el tratamiento de unos protagonistas, inmersos en complejos conflictos interiores, que nos permiten ahondar en lecturas místicas y sociales de mucha enjundia.

Lo mejor:

Es una película tan disfrutable como bella

Lo peor:

Que su defensa del compromiso como arma de resistencia en tiempos líquidos pueda pasar -injustamente- por conservadora

Ir a la película

Etiquetas:



Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *