Crítica de Aguas oscuras

Monstruos en el patio trasero

Como la reciente Wonderstruck (2017), Aguas oscuras es uno de esos proyectos comerciales que Todd Haynes acepta realizar en espera de que alguien le brinde la oportunidad de firmar obras tan personales y extraordinarias como Poison (1991), Safe (1995), Lejos del cielo (2002) y Carol (2015). Nada novedoso en Hollywood. A Haynes ello incluso le permite escapar a cierto solipsismo manierista y pensar sus inquietudes autorales desde perspectivas diferentes. Así sucede en Aguas oscuras, drama basado en hechos reales sobre un abogado enfrentado a compañías químicas que contaminan el medio ambiente. Una película de litigios estereotípica, destinada a remover nuestras conciencias, alentarnos a luchar por causas perdidas, y optar a algunos Oscar —objetivo frustrado esta vez—, que redime el aparato formal férreo y al tiempo atmosférico que despliegan en torno a la narración Haynes y dos colaboradores fieles, Ed Lachman y Affonso Gonçalves>. Además, de puntillas, Aguas oscuras acaba por incidir en los sempiternos argumentos críticos de Haynes, los EE.UU. de clase media y lo que suponen como estilo de vida a nivel económico y moral, aquí en clave política explícita. 

Lo mejor:

La sensibilidad con que se retrata a todos los personajes, más allá de lo que podamos pensar de sus actos.

Lo peor:

El esquematismo del relato, que deja en nada el retrato del personaje protagonista y su familia.

Fecha de publicación: 24/01/2020

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