Crítica de El escándalo Ted Kennedy

Zoon politikón

Es difícil encontrar una película política con la madurez formal, dramática y discursiva que ostenta el nuevo largometraje de

John Curran (El velo pintado,

El viaje de tu vida),

El escándalo Ted Kennedy. Una obra que trasciende la reconstrucción histórica de unos hechos para terminar por proyectarse como reflexión sobre el rumbo de una América incapaz de encontrar un nuevo sentido para su mitología particular y, por tanto, condenada a vivir enfrascada en un eterno simulacro de sus principios y valores fundacionales. Lejos de constituirse en un manido thriller de despachos y ruedas de prensa,

El escándalo Ted Kennedy se articula en torno a absorbentes imágenes, en su primera mitad, de un hondo calado psicológico, capaces de dar cuenta, con una mirada implacable pero comprensiva, de las incertidumbres y temores de sus protagonistas. A partir de la segunda hora de metraje, este gran trabajo opta por abonarse sutilmente a una farsa patética que culmina en desasosegante retrato moral de nuestros tiempos; pero que, sobre todo, nos impele a pensarnos, como individuos, en términos éticos ante nosotros mismos y la sociedad de la que formamos parte. En ocasiones, el filme pierde algo de fuerza por la recurrencia a ciertas figuras retóricas, pero esto no le resta contundencia al notable resultado final.

Lo mejor:

Su primera mitad, una sugerente inmersión en todo un estado de las cosas a través de las incertidumbres de los dos protagonistas

Lo peor:

En sus últimos minutos, abusa de flashbacks que restan expresividad visual al filme

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