Crítica de Coneja

Coneja

Esperanza Pedreño es un espíritu inquieto, muestra un tipo de sensibilidad infrecuente que sugiere profundidades fascinantes. Todos creímos tenerla bien clasificada en aquel memorable per­sonaje de Camera café, cuando tuvo la osadía de montar Mi relación con la comida de Angélica Liddell, un texto fundamental del teatro de los últi­mos decenios que representó de forma inmejora­ble y con el que obtuvo un gran éxito (en parte, gra­cias al empujón de esta revista, que lo consideró uno de los mejores espectáculos de 2014).

Otra vez aborda una propuesta en solitario, con la misma actitud de no dejar títere con cabeza con la que afrontó el monólogo anterior. Atreviéndose con la maternidad y triturando los tópicos azul (o rosa) pastel que la rodean. Esta madre no tiene empacho en contarnos cómo el recién llegado le parte la vida en dos, cuánta gracia le hacen sus compañeras de infortunio dedicadas a forrar de elefantitos la habitación del retoño o cómo el exce­so de Pilates le daba la sensación de que acabaría aplastando al alienígena. Más cerca del monólogo teatral que de la stand-up comedy, aunque con al­go del tono de esta, la pieza ganaría limándole al­gunos puntos en los que la tensión decae, pero el oficio de la actriz sabe salir de todos los pantanos, y el respetable se ríe a carcajadas con chistes que esconden cargas de profundidad.

Fecha de publicación: 11/10/2019

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