Crítica de Sobre lo infinito

Galletas chinas de la suerte

Autor de películas estimables como Canciones del segundo piso (2000) o Una paloma se sentó a reflexionar en una rama sobre la existencia (2014), Roy Andersson siempre ha sido un director interesante, riguroso en el hacer y en el pensar, pero cuyo alcance acaso se haya sobrevalorado. Sobre lo infinito nos brinda una muestra de lo mejor y lo peor que puede ofrecernos el autor sueco. Cabe reconocerle un consistente trabajo de puesta en escena, muy anclada en una concepción escenográfica de la imagen, así como un humor susceptible de revelar sinsentidos existenciales. Entre tonos pastel y ocres, la fotografía de Gergely Pálos alcanza algunos matices asombrosos, que cargan de expresividad estampas cotidianas fraguadas en el horror, la melancolía y el desconcierto. Sin embargo, casi todos los fragmentos que componen este collage de experiencias y sueños que es Sobre lo infinito hacen gala de una alarmante simplicidad, alcanzando en muy contadas ocasiones a decir algo verdaderamente relevante acerca de las tristezas y alegrías del ser humano. Como ocurriera en los trabajos previos de Andersson, la tosca obviedad de sus meditaciones filosóficas queda muy por debajo de sus altas pretensiones reflexivas.

Lo mejor:

El trabajo escenográfico y fotográfico…

Lo peor:

… aunque esto no baste para que muchas de las estampas funcionen.

Fecha de publicación: 24/01/2020

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