Crítica de Girl

Tránsitos existenciales

Girl, premiada en Cannes y aclamada por la crítica norteamericana, es una de esas películas que llegan en el momento justo. Su argumento, la transexualidad, ha cobrado protagonismo renovado en la esfera pública, y se suceden los debates en torno a cómo ha de representarse en el ámbito de la ficción. En el caso de

Girl se nos cuenta el drama vivido por Lara, que se siente con quince años atrapada en un cuerpo de chico y hace todo lo posible por transitar a lo consensuado como mujer, y, al mismo tiempo, por realizarse en el ámbito de la danza. La presión para ella empieza a ser insoportable… La película del guionista y director belga Lukas Dhont resulta idónea para cavilar sobre la cuestión apuntada, incluso, o gracias a, ser problemática en lo que se refiere al punto de vista. Es un filme digno, realizado con sensibilidad, cuyo título escucharemos a lo largo de esta temporada de otoño-invierno en ceremonias de premios varias. Sin embargo, cabe hacerse la pregunta de si su corrección ambigua, su carácter en numerosas escenas de melodrama con tintes casi televisivos, es suficiente para granjearle más importancia que la correspondiente a tantos otros fenómenos mediáticos.

Lo mejor:

La interpretación del joven Victor Polster y la fotografía de Frank van den Eeden

Lo peor:

Es una película de temporada, su valor a largo plazo habrá que verlo

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