My Guitar Gently Weeps

Montxo Paz

A principios de los ochenta, una tarde de lluvia y radio escuché gemir una guitarra en las ondas, mientras el locutor anunciaba un tema del White Album de The Beatles, publicado en 1968 por la mítica banda británica. Se trataba de While My Guitar Gently Weeps (Mientras mi guitarra llora suavemente), una canción escrita por George Harrison, conocido popularmente como el “Beatle tranquilo”, debido a su carácter introvertido y por su tendencia a permanecer siempre en segundo plano. De entrada, no identifiqué el acorde con el estilo Harrison, que había sorprendido al gran público con himnos como I Need You, Here Comes the Sun, Something (por el que confesaron su debilidad Elvis y Sinatra) o Taxman, con el ritmo pegadizo de sus tonos.

Cuentan que George decidió escribirla con las primeras palabras que vio al abrir un libro al azar. Y esas palabras fueron “Gently Weeps”. En lo que se refiere a la melodía, la grabó primero en versión acústica y luego con sonidos eléctricos, aunque no respondía a su gusto exigente. Por ese motivo pidió a su amigo Eric Clapton que asistiera a las sesiones de estudio con el resto del grupo y que ejerciese de lead guitar con su inconfundible “mano lenta”. Finalmente resultó un éxito. El solo de guitarra de Slowhand fue tratado con la técnica automatic double tracking para lograr el efecto deseado; tras la grabación, Clapton regaló a Harrison la guitarra con la que había tocado, a la que éste bautizaría tiempo después como Lucy.

Aunque siempre fui devoto de los Stones, confieso que George fue desde entonces mi Beatle preferido. Tras la disolución de los cuatro de Liverpool, seguí con atención su trayectoria en solitario: desde el Concert For Bangladesh (en agosto de 1971), considerado el primer evento benéfico de la historia del rock, hasta su participación magistral en Traveling Wilburys, quinteto de lujo integrado también por Bob Dylan, Roy Orbison, Tom Petty y Jeff Lynne. Sin olvidar su faceta como productor y promotor de otros grupos musicales a comienzos de la década de los setenta como fue el caso de Badfinger. Con su líder, Pete Ham, compartió grandes momentos y colaboró en la grabación de varias canciones: Without You, Name of the Game, Come And Get It, No Matter What, Day After Day o Baby Blue, el último gran éxito en la carrera de la banda de Gales; incluido en su álbum Straight Up (1971) y lanzado por Apple Records como single en Estados Unidos un año después, en una cubierta tintada en azul y con una mezcla diferente. Como curiosidad, decir que esta memorable canción fue recuperada en 2013 por Vince Gilligan, creador de la exitosa serie de televisión Breaking Bad, que la eligió como recurso musical en la última escena del capítulo final para asociarla a la metanfetamina de color azul fabricada por el profesor Walter White y su socio Jesse Pinkman.

Los miembros de Badfinger colaboraron con George Harrison en dos temas de All Thing Must Pass, triple álbum que supuso su debut triunfal en solitario. También en el sencillo It Don’t Come Easy de Ringo Starr y en Imagine de John Lennon. Todo parecía ir sobre ruedas, hasta que en 1975 se destapó una de las mayores estafas de la historia del Rock & Roll. Pete Ham, abrumado por la situación y al ver-se arruinado de repente, se suicidó a los 27 años, pasando así a formar parte del maldito “Club de los 27”. Por su parte, George Harrison falleció en 2001, tras un agresivo cáncer de pulmón que lo mantuvo apartado de la vida pública los últimos meses de su vida. Acompañado de su hijo Dhani y su esposa Olivia, organizó un último encuentro privado con sus antiguos compañeros de The Beatles, Paul McCartney y Ringo Starr, de quienes pudo despedirse en paz. Fue incinerado y sus cenizas se esparcieron en las aguas sagradas del río Ganges, atendiendo a su último deseo. En el mismo momento del ritual, seguidores de todo el mundo nos reunimos en silencio, entonando al unísono My Sweet Lord.



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