Crítica de Star Trek: Más allá

Regreso (atropellado) a los orígenes

 

Con el reboot de 2009 titulado simplemente Star Trek, J.J. Abrams resucitaba enérgicamente una franquicia cuyo porvenir cinematográfico y televisivo estaba en juego. Recuperando a los personajes del producto original, fusionaba convincentemente el microcosmos representado por los protagonistas con el vértigo de una space opera reinventada según los patrones del blockbuster contemporáneo, incluyendo la habitual narración sobre la génesis heroica. Pese al relativo fiasco que supuso la estimable secuela

Star Trek: En la oscuridad (2013), Abrams y compañía le habían dado el suficiente empuje a la saga intergaláctica para que alumbrara un nuevo futuro.

 Ligado a

The Fast & The Furious, Justin Lin parecía un nombre apropiado para mejorar los resultados de taquilla apostando por un entretenimiento típicamente veraniego. Por desgracia, lo más interesante de

Star Trek: Más allá es su encuentro sobre el papel con Star Trek: La serie original (1966-1969), concretado, de manera alegórica, en el viaje interior de unos Kirk (

Chris Pine) y Spock (

Zachary Quinto) que han de desenterrar las raíces de la Flota Estelar para comprender su lugar en la misma.

 A nivel de ficción, esto se manifiesta en diálogos chispeantes como motor de la acción o aventuras planetarias que evocan las correrías inaugurales de los protagonistas, aunque su ejecución resulte casi siempre torpe, disfuncional. Un prólogo prometedor deriva en una narración con evidentes problemas de ritmo y dosificación de los twists, intercalando perezosamente el plano-contraplano con set pieces de acción más estruendosas que subyugantes.

Lo mejor:

Unos primeros veinticinco minutos que, a nivel espectacular y conceptual, resultan prometedores

Lo peor:

La sensación de descuido en aspectos narrativos y de realización básicos

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