Crítica de Una receta familiar

Sentimentalista culinario

Aunque apenas han llegado películas del singapurense Eric Khoo a nuestros cines, este realizador, productor y guionista ha conseguido erigirse, desde los 90, en toda una institución del cine del país asiático: un artesano con gran visión comercial al que se le debe tanto la revitalización del mercado audiovisual interno como una fase de prestigio internacional que duró hasta hace unos años. No es la primera vez que Khoo aborda un drama con trasfondo culinario -ya hizo lo propio en su mediometraje Recipe(2014)-, pero en esta co-producción entre Singapur, Francia y Japón se ha sumado con éxito a una corriente de dramas soft de origen generalmente nipón en torno al mundo de la cocina, cuyo máximo representante es  Una pastelería en Tokio (2015), de  Naomi Kawase. Como cabía esperar,  Una receta familiar es un modesto relato de viaje a los propios orígenes que acaba confluyendo con el descubrimiento de platos diversos de la cocina tradicional de Singapur. La película, que se desvela a medida que avanza el metraje como fábula sobre la necesidad de reconciliarnos con el pasado, no disimula su condición de paseo amable -de características cuasi turísticas- para el espectador.  Una receta familiar encuentra en esa honestidad, sin lugar a dudas, su mejor baza.

Lo mejor:

Se trata de un trabajo tan modesto y honesto con sus intenciones que resulta inevitable que caiga simpático

Lo peor:

Se ve con agrado, pero no deja poso

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