Addoor Sticky

Piscinas naturales en Burgos: nueve rincones para darse un chapuzón este verano

Burgos no necesita costa para ofrecer un baño de los buenos. La provincia esconde cascadas de película, pozas de un azul que parece imposible y embalses rodeados de bosque donde el verano se vuelve mucho más llevadero. Hay rincones aquí que dejan sin palabras a quien viene buscando playa y acaba encontrando algo mejor: silencio, agua limpia y paisaje de verdad.

Esta guía recoge nueve de las mejores piscinas naturales de Burgos, con información práctica y un detalle que pocas listas cuentan: cuáles tienen el baño oficialmente autorizado por la Junta de Castilla y León.

Piscinas naturales imprescindibles en Burgos

1. Cascada de Pedrosa de Tobalina (Las Merindades)

En la Comarca de Las Merindades se encuentra una de las maravillas de la naturaleza burgalesa, la Cascada de Pedrosa de Tobalina, también llamada Cascada del Peñón. Esta cascada cuenta con 100 metros de ancho y 20 m de alto. El enclave cuenta con arias cascadas del río Jerea que terminan por formar una poza natural, antiguamente utilizada por un molino. En esta comarca los visitantes también disfrutar de pueblos como como Frías, Poza de la sal o Medina de Pomar.

El aparcamiento está a apenas cien metros del salto, lo que la convierte en una parada muy cómoda. Llega pronto: en los días de más calor, el espacio se llena rápido.

  1. Las cascadas de Tobalina

2. Pantano de Arlanzón

Pantano de Arlanzón. Se encuentra a 30 kilómetros de la capital burgalesa, entre los municipios de Pineda de la Sierra y Villasur de Herreros. El pantano cuenta con 130 hectáreas y 15 kilometro de costa, lo que hace de este espacio un lugar tranquilo para disfrutar con amigos de una buena comida y un baño durante el verano. Este espacio idílico también, supone un buen lugar para los amantes de la pesca y más durante la temporada de verano. Es el plan de los burgaleses cuando quieren un día largo: se lleva la nevera, se come en la orilla y se acaba en el agua.

Pantano del Arlanzón 

​3. Pozo Azul de Covanera (Valle del Rudrón)

Si hay un lugar en Burgos que parece salido de otro continente, ese es el Pozo Azul de Covanera. Situado en el Parque Natural Hoces del Alto Ebro y Rudrón, este manantial kárstico tiene un color azul turquesa que resulta difícil de creer en persona. Lo que lo hace todavía más especial es lo que esconde bajo el agua: la cueva sumergida más larga de España, con más de 13 kilómetros de galerías exploradas, lo que lo convierte en destino de referencia para los espeleobuzos de todo el mundo.

Para el resto de mortales, la zona de baño se alcanza desde el pueblo de Covanera en un paseo de apenas 300 metros. El agua es muy fría todo el año, pero ese azul justifica el chapuzón.

  1. Pozo azul 

 

4. Embalse de Úzquiza

Diez kilómetros aguas arriba del pantano de Arlanzón, en la localidad de Villasur de Herreros, el embalse de Úzquiza es el favorito de quienes buscan algo más activo. Aquí están permitidos casi todos los deportes náuticos sin motor: kayak, paddle surf, windsurf. El entorno es tranquilo y el acceso, sencillo.

  1. Embalse de Úzquiza 

5. Las Calderas de Neila (Sierra de la Demanda)

Para los que buscan algo diferente, las Calderas de Neila merecen el esfuerzo. Se llega desde el Parque Natural Lagunas Glaciares de Neila, en la Sierra de la Demanda, tras una ruta de senderismo de entre 6 y 13 kilómetros según el acceso elegido. Las Calderas son una serie de pozas escalonadas formadas por el arroyo Palazuelo entre paredones de roca, con pequeñas cascadas y agua helada incluso en agosto.

Nota práctica: las lagunas glaciares propiamente dichas (Laguna Negra, Laguna Larga, Laguna de los Patos...) no son aptas para el baño por normativa de protección del espacio natural. Las pozas de las Calderas, aguas abajo, sí permiten el chapuzón, aunque el acceso requiere buenas zapatillas y sentido de la orientación. La ruta no está señalizada y el terreno es exigente: no es apta para niños pequeños ni para quienes no tengan experiencia en montaña.

Calderas de Neila 

6. Piscina fluvial de Espinosa de los Monteros (río Trueba)

Aunque sus aguas siempre están heladas, esta piscina fluvial en la localidad de Espinosa de los Monteros merece la pena ser visitada en verano. La piscina fluvial, rodeada de árboles, nace de gracias al paso del río Trueba por la localidad.

Además, la villa se compone de diversas torres fortificadas y palacios, así como casonas e iglesias de una singular belleza. Cercanos a ella también está el Monumento Natural de Ojo Guareña, un paisaje escarpado de gran belleza, y la Ermita de San Bernabé, esculpido en roca.

Espinosa de los Monteros

7. Parque del Soto, río Nela

Capital de la comarca de Las Merindades, Villarcayo tiene uno de los planes de verano más agradables de la provincia gracias al río Nela. En una antigua zona de pasto rodeada de acacias y chopos, hay una amplia área recreativa con bares a ambas orillas, una playa de arena dorada y posibilidad de practicar deportes acuáticos. También figura en el registro oficial de zonas de baño de la Junta. Un clásico entre los locales.

Parque del Soto

8. Playa fluvial de Arija (embalse del Ebro)

El río Ebro atraviesa la provincia de Burgos, donde cada vez se va haciendo “más fuerte”, podemos encontrar diferentes zonas de baño. Una de ellas es en la localidad de Arija, con zonas de arena, rincones para avistar aves que habitan en este territorio, rutas de senderismo, bicicleta de montaña y un albergue con cabañas de madera.

Se trata de una playa de arena fina, perfecta para ir con la familia. La amplitud del embalse y sus inspecciones no hace solo que sea una zona óptima para el baño, es también uno de los mejores lugares para poder practicar deportes acuáticos en el interior de la península, como piragüismo o windsurf.

Arija 

9. El Piélago de Covarrubias (río Arlanza)

A las afueras de Covarrubias, uno de los pueblos medievales más bonitos de la provincia, el río Arlanza forma un remanso tranquilo conocido como El Piélago. Sus aguas limpias y relativamente calmadas, con zonas de poca profundidad, lo convierten en uno de los destinos más recomendables para ir en familia. Hay sombra en los alrededores y el ambiente es relajado: nada de aglomeraciones, nada de ruido. El tipo de sitio que los burgaleses guardan con cierto celo y que merece la pena buscar.

La combinación con una visita al casco histórico de Covarrubias —colegiata, torreón de Doña Urraca, entramado medieval— hace de este plan una excusa perfecta para dedicarle el día entero.

Piélago de Covarrubias

Consejos antes de ir a bañarte en la naturaleza

Consulta el estado del agua. Las tres zonas con control oficial (Arija, Villarcayo y Espinosa de los Monteros) tienen seguimiento periódico de calidad. En el resto, el sentido común manda: si el agua tiene olor extraño, color turbio o hay carteles de prohibición, no te metas.

El caudal cambia según la época. Las cascadas son más espectaculares en primavera, cuando bajan con más fuerza. En verano, el agua baja y las pozas son más accesibles pero visualmente menos impresionantes. El mejor momento depende de lo que busques.

Madruga. Los enclaves más conocidos —Pedrosa de Tobalina, Pozo Azul, Orbaneja— se llenan en julio y agosto. Llegar antes de las 11 de la mañana marca la diferencia entre disfrutar del sitio o hacer cola para aparcar.

Deja el entorno como lo encontraste. Muchos de estos parajes están dentro de espacios naturales protegidos. No dejes basura, no enciendas fuego y respeta la señalización. Algunos de estos lugares se han deteriorado en los últimos años por la presión turística. Depende de quien los visita que sigan siendo lo que son.


La provincia de Burgos tiene agua para dar y tomar. Y no hace falta reservar vuelo ni buscar aparcamiento en la playa para disfrutar de un verano de los buenos. Con un coche y estas coordenadas, el chapuzón está asegurado.