Crítica de Un momento en el tiempo – Waves

La emancipación del espíritu

Problemática y fascinante, la nueva película de Trey Edward Shults (Krisha) afronta las debilidades de su largo previo,

Llega de noche: la sobreescritura audiovisual a menudo solapa un guion sugerente. Dos historias de amor puntean este relato en torno a la crisis de la familia (afro)americana en los Estados Unidos de hoy. Los ciclos históricos de violencia, la otredad, la empatía y el carácter unificador de amor y religión son los temas centrales de una obra ambiciosa, que en sus más de dos horas de duración experimenta con un osado tratamiento de la imagen —anclado en una vertiente del retrato que echa sus raíces en Instagram y Tumblr— y de la música que bien podría entenderse a modo de síntesis estética centennial. La presencia de la actriz Alexa Demie nos remite a la serie de HBO Euphoria, de la cual se recogen alucinados juegos cromáticos y un oscuro acercamiento a los nacidos después del 11-S. A veces,

Un momento en el tiempo – Waves hace gala de una impotencia formal, fruto de sus grandes aspiraciones, que nos lleva a pensar que estamos casi ante un bodrio. En otras secuencias, Shults eleva el relato hasta lo sublime, como recogiendo el testigo de un Malick orientado a nuevas formas de lo sensible y lo espiritual.

Lo mejor:

Taylor Russell

Lo peor:

Por momentos, la película no sabe estar a la altura de sus intenciones formales

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