5 edificios catalogados de Murcia que debes conocer

 

Todos los conocemos y los hemos visto dando algún que otro paseo por la ciudad, pero, ¿sabes qué son realmente los edificios que forman las calles de Murcia? La Torre de la Catedral, La Muralla de Verónicas o incluso el Claustro del antiguo convento de la Merced, son algunos de las construcciones arquitectónicas de las que podréis conocer su historia y curiosidades en este post. Tan solo tienes que seguir leyendo.

 

 

La Muralla de Verónicas (Calle Arco de Verónicas, 1) es el tramo más alto, largo y mejor conservado de la majestuosa muralla árabe. Este tramo ‘sale a la luz’ en 1985, cuando se lleva a cabo la demolición del Convento de Las Verónicas, que guardaba los restos en su interior. El conjunto consta del revellín (una antemuralla), del paseo de ronda (espacio intermedio donde los centinelas realizaban la vigilancia), y la muralla principal con dos torres, una de ellas prácticamente completa y parcialmente empotrada en la Iglesia del Salvador (actual Sala de exposiciones Verónicas).

La muralla murciana, que en sus tramos más altos podía llegar a medir hasta 15 metros de altura (un edificio de cinco plantas), contaba con hasta 90 torres y más de 12 puertas. Fue mandada construir (reforzando una anterior) por Ibn Mardanís (el ‘Rey Lobo’ para los cristianos) en el S. XII, la etapa más gloriosa de la historia de la ciudad.  En este momento, y tras la división de Al-Andalus en los segundos reinos de taifas, Murcia se convirtió en la auténtica capital del Al-Andalus oriental, con una agricultura en florecimiento, una artesanía puntera y con la moneda local como moneda de referencia en Europa.

Además, y gracias a la inexpugnable muralla, Murcia, aliada con los reinos cristianos, se convirtió en el bastión de resistencia contra la invasión de los Almohades (también musulmanes, pero del norte de África), que no pudieron conquistar la ciudad hasta la muerte del Rey Lobo.

 

 

Torre de la Catedral de Murcia (Plaza Hernández Amores, s/n). Con sus nada despreciables 93 metros de altura, ésta es la segunda torre catedralicia más alta de España (justo por detrás de la Giralda de Sevilla). Su construcción se inicia a comienzos del siglo XVI, no concluyéndose hasta 1793 (casi 300 años después, con toda la calma). Como consecuencia, numerosos arquitectos y estilos se reúnen en esta icónica y vertical obra de arte.

El primer y segundo cuerpo son renacentistas de mitad del XVI (decoración plateresca, exquisita y delicada). Sin embargo, un problema de asiento produjo una inclinación y la consecuente paralización de la obra. No fue hasta más de 200 años después (ya bien entradito el S.XVIII) cuando se retoma la obra para realizar el barroco tercer cuerpo (el del reloj), el cuerpo de los conjuratorios (cuatro miradores a modo de palacetes rectangulares ubicados en las 4 esquinas) y el cuerpo del campanario (más recargado, apuntando al rococó francés). Pero, ¡Dios mío, aún faltaba rematar el asunto! Pues bien, fue en 1780 cuando se concluye, de la mano del neoclásico diseño de Ventura Rodríguez, un octógono abovedado con huecos circulares y remate con linterna (¿soy yo o es el remate perfecto para esta maravilla?).

Para concluir, dos curiosidades (¡lo que os gusta un cotilleo, pijo!), cada una de las 20 campanas tiene nombre propio (la más antigua de España está aquí, se llama Mora, y es del S.XIV). Hasta 2009, año de construcción de Las Torres JMC (las gemelas de Atalayas, 98 metros de altura) fue el edificio más alto de la Región de Murcia (¿no os parece romántico este dato? A mí, mazo).

Anunciadora de riadas y epidemias, omnipresente, vigilante y robusta. Majestuoso techo de la capital del Segura ¡no se cansan los ojos de mirarte, querida!

 

 

La Casa de los Nueve Pisos (Calle Madre Esperanza, 1) además de ser mi edificio residencial favorito, (cuando me compre ahí mi piso os invito a un ‘piquislabis’) es el primer ‘rascacielos’ que se construyó en la ciudad. Poneos en situación, nueve alturas en 1914, ¡eso era un pedazo de pepino! He leído por ahí que el arquitecto se inspiró en los de Manhattan…. hombre, tampoco nos vengamos arriba, pero oye, la cosa le quedó chula, la verdad.

A mí gusta entero, de arriba a abajo, de cabo a rabo, pero si hay que elegir, me quedo con las molduras blancas del balcón de la primera planta que da a la C/ Acisclo Díaz y con los bolardos dorados de las esquinas en la azotea. Y bromas aparte, es real que tiene un aire neoyorquino, edificio entre industrial y residencial de principios de los veinte.

El edificio se construyó en el lugar donde previamente estuvo situado el Colegio Jesuita de la Anunciata, del que se conserva el claustro bajo (la integración de los restos en el ‘Café Bar 9 Pisos’ es fantástica, no os la perdáis) y la portada rococó integrada en una de las fachadas del edificio. Cuando los jesuitas fueron expulsados del país (¡a chuparla!) en el mismo lugar se instaló la Real Fábrica de Hilar La Piamontesa (la seda murciana lo petaba mogollón) y sobre ambos, a principios del S.XX se levantaron los Nueve Pisos (y ya en el XXI el ‘Alter Ego’ y los tardeos que tanto os gustan, ¡golfos!).

 

 

Claustro antiguo convento de la Merced (Calle Santo Cristo, 1). La Orden Mercedaria se instala en Murcia tras la reconquista (S.XIII) en un primer momento en el entorno de Santa Eulalia-San Juan, hasta que en el S.XVI, se traslada a su nueva sede en el lugar que ahora la vemos. De este primer edificio, el único vestigio que se mantiene en pie a día de hoy es el elegante claustro renacentista (la iglesia también, pero fue profundamente reformada en el S.XVIII, y del resto ya no queda nada).

La historia del convento durante el siglo XIX es tumultuosa: sufre dos incendios antes de su desamortización en 1835, tras esto fue una fábrica de seda, luego pasa a manos de los Hermanos Maristas, hasta que finalmente es adquirido por la ‘Universidad de Murcia’, que desde 1935, y tras una profunda rehabilitación (quedando intacto el magnífico claustro) ha tenido en este inmueble la sede de la Facultad de Derecho, dentro del ‘Campus de la Merced’.

El Claustro, realizado entre 1604 y 1629, idealmente en mármol, finalmente se construyó en piedra (la pela es la pela). De amplias y gráciles proporciones, está organizado en dos plantas (ambas con columnas de capiteles en orden toscano, y arcos de medio punto), destacando en este conjunto de gran armonía la curiosa forma de disponer las columnas ‘en trío’ en cada una de las cuatro esquinas del mismo.

Este lugar pasó de silencioso claustro conventual a bullicioso lugar de encuentro y relación universitaria ¡si las paredes de este patio hablaran!

 

 

La Noria y Acueducto de La Ñora (Carretera de La Ñora, s/n) es uno de los elementos más icónicos de la vasta y brillante obra de ingeniería que representa el sistema de regadío de origen árabe (conformado por azudes, acequias, azarbes, molinos, norias, y un largo etcétera) que se desarrolla a lo largo de toda la Huerta de Murcia desde al menos el siglo X.

La rueda hidráulica de La Ñora data de principios del S.XV, y su función era (y sigue siendo) la de, gracias a la propia fuerza de la corriente de agua, elevar las aguas desde la ‘Acequia Mayor Aljufía’ (al-yawfiyya, ‘la del Norte’) sobre la que se asienta, hasta el acueducto, para transportar las aguas hasta cotas más altas donde era necesario el regadío de huertos.

La que vemos hoy, construida en hierro, es la que en 1936 sustituyó a la original de madera que quedó obsoleta. La noria tiene unos 13 metros de diámetro y el acueducto unos 220 metros de largo y hasta 9 metros de altura.

¡Cuanto patrimonio esconde el resiliente ecosistema de nuestra incalculablemente valiosa huerta!

 

Texto y fotografías: José Carlos Ruiz Castejón

Podéis encontrar más fotografías como estas en su cuenta de Instagram: https://www.instagram.com/edificioscatalogados/

Etiquetas: , ,



Comentar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *