Crítica de Zootrópolis

Valores cívicos

En la brillante secuencia inicial de

Zootrópolis, nueva producción animada de Disney, vemos y escuchamos una cruda descripción del mundo animal, dividido en depredadores y presas, para descubrir segundos después que realmente asistimos a una representación. Una hilarante pieza teatral infantil donde el carismático personaje principal, la coneja aspirante a policía Judy Hops, escenifica un pretérito violento para el que, supuestamente, ya no hay lugar en la actualidad. Como respuesta a aquel pasado salvaje emerge Zootrópolis, vasto espacio urbano que se erige en perfecta expresión alegórica de las democracias liberales, amenazadas hoy por fuerzas oscuras.

 Y es que, frente a las turbulencias sociopolíticas del mundo contemporáneo, el inteligentísimo y ácido filme de Byron Howard, director de la revisionista

Enredados (2010), propone un discurso ambivalente y enriquecedor. Fusiona, de este modo, la crítica a algunos aspectos sociopolíticos del Occidente contemporáneo -la falta de transparencia en las artimañas políticas, el inmovilismo, los prejuicios étnicos y la ausencia de paridad de género- con una defensa, de marcado aliento neocon, del civismo, el capitalismo como fuente de oportunidades ilimitadas y el orden establecido. Un mensaje inusual, e incluso subversivo, en tiempos de corrección política y vanos exabruptos revolucionarios en redes sociales.

 Pero

Zootrópolis es, ante todo, un trabajo ingenioso, bellamente animado y disfrutable en sus despliegues de luz y color -que abarcan espacios y entornos muy distintos, lo cual repercute en una expresiva variedad cromática y lumínica-, respetuoso con los espectadores de cualquier edad. Tras un primer tramo magnífico, en el que todo parece posible -que incluye el primer acercamiento a la ciudad, desde un tren, por parte de Judy; la persecución, teñida en tonos pastel, de un ladrón en un barrio de roedores; o la detallada e hilarante estafa que lleva a cabo el zorro Nick Wilde-, el filme se interna en una trama detectivesca arquetípica, a menudo morosa, que sigue a pies juntillas los esquemas narrativos y tipológicos del género. Acaso el único problema de entidad en un trabajo bastante recomendable.

Lo mejor:

Es una película sumamente inteligente

Lo peor:

Una trama policiaca a la que le sobra metraje

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