Crítica de Tres anuncios en las afueras

La era de la perplejidad

Martin McDonagh firma con

Tres anuncios en las afueras su película más lograda hasta la fecha: a la acostumbrada destreza del también dramaturgo para la escritura se une una labor de puesta en imágenes sobresaliente. El director de las cult movies Escondidos en Brujas y

Siete psicópatas construye metódicamente un sórdido e hilarante thriller anclado en tropos sureños a ritmo de melodrama, que en un principio se presenta como relato alegórico de tintes sociales donde la corrección política y el nuevo auge de lo reaccionario se alían para configurar tiempos menos tristes que estúpidos. Sin embargo, con el avance del metraje, la trama y, en consonancia con ella, el planteamiento audiovisual del conjunto, adquiere contornos insólitos. Gracias a una milimétrica caligrafía narrativa que juega a sorprenderse, y a la extraña fusión -incluso en una misma escena- de la bufonada histriónica y de la tragedia,

Tres anuncios en las afueras termina por erigirse en la lúcida crónica de la opacidad moral como signo inequívoco del siglo XXI, situándose próxima a las coordenadas de la novelística de Cormac McCarthy. Coherentemente, los mecanismos genéricos se desdibujan para desembocar en un hoy perplejo donde solo la empatía puede salvarnos.

Lo mejor:

La rotundidad con que desdibuja, plano a plano, un mundo en principio codificado según las coordenadas del policiaco sureño moderno

Lo peor:

Aunque McDonagh haya crecido como realizador, en alguna ocasión las imágenes no están a la altura del texto

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