Crítica de Quién te cantará

Entre la abstracción y el melodrama

Mientras sus imágenes juegan a la extrañeza, a la alienación de su protagonista y, por extensión, el espectador, respecto de determinadas claves de lo real cinematográfico,

Quién te cantará es una película admirable, una de las más sugerentes producidas en los últimos años en el ámbito del cine español con vocación comercial. El guionista y director Carlos Vermut convierte un relato intrigante en sí mismo, el de una cantante que ha perdido la memoria y se ve obligada a reencontrarse consigo misma apelando a imágenes mediáticas de sí misma y la ayuda de una imitadora, en un juego de sombras, espejos y resonancias en el que se dirime la solidez misma de nuestras certidumbres acerca del hecho fílmico. Sin embargo, como ya sucediera en las anteriores realizaciones de Vermut, Diamond flash (2011) y

Magical Girl (2014), esas inquietudes mistéricas, dignas de un Iván Zulueta, se combinan con una querencia algo pueril por el melodrama a lo

Pedro Almodóvar. Ello precipita escenas decisivas de

Quién te cantará en lo incómodo, y amenaza con arruinar la entidad del conjunto. A pesar de esos peros vale la pena, y mucho, ver la película, nada habitual.

Lo mejor:

Las imágenes con las que el realizador logra trastocar nuestras ideas en torno a lo real cinematográfico

Lo peor:

Se prima la familiaridad con el melodrama a lo experimental

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