Crítica de Pájaros de verano

Choque de culturas

La colaboración entre Cristina Gallego y Ciro Guerra, artífices previos de la recomendable

El abrazo de la serpiente (2015), llega a un nuevo culmen con esta aproximación a un registro manoseado de la ficción popular: el narcotráfico, que, gracias a sus planteamientos, deriva en película muy alejada de lo esperable.

Pájaros de verano narra la degradación de una comunidad de indígenas colombianos, los wayúu, cuando el tráfico de drogas entre el norte de aquel país y Estados Unidos alcanza proporciones epidémicas, capaces de trastocar la faz económica y espiritual de toda una sociedad. A través de un gran relato de amor y codicia,

Pájaros de verano aspira a algo más profundo: confrontar la percepción y expresión que colectivos diferentes tienen de los sucesos que dan forma a sus identidades, lo que lleva las imágenes a terrenos dialécticos y arquetípicos según la cultura a que se adscriba la mirada de cada personaje. Tantos argumentos no siempre se entrelazan de manera satisfactoria, las imágenes acusan a veces un presupuesto ajustado, pero la originalidad y las ambiciones de Pájaros de verano compensan de sobra los defectos que se le puedan achacar.

Lo mejor:

El arrojo con que Ciro Guerra y Cristina Gallego afrontan un tema lleno a estas alturas de estereotipos

Lo peor:

El armazón narrativo de la película no siempre está a la altura de sus reflexiones antropológicas y culturales

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