Crítica de Malos tiempos en El Royale

Tras el cristal

Como su ópera prima,

La cabaña en el bosque (2012), aunque de manera más sutil, lo nuevo del realizador estadounidense Drew Goddard es, tanto una muestra aplicada del género en que se inscribe, en este caso el cine negro, como una deconstrucción del mismo a través de una mirada crítica que tiene su reflejo en la ficción en forma de trampantojos y cambios imprevistos de perspectiva. Los protagonistas de

Malos tiempos en El Royale son un grupo de viajeros que confluyen en 1969 en un hotel en decadencia situado en la frontera entre California y Nevada. Casi ninguno de ellos es lo que parece ser, pero lo más interesante es que el establecimiento tampoco. Ello acaba por generar una dialéctica ingeniosa entre las intrigas cada vez más violentas que viven los personajes, y su condición como representantes alegóricos de los Estados Unidos de la época y arquetipos de un tipo de ficción muy codificada. Goddard es a veces demasiado ambicioso para la armonía de la película, pero, en líneas generales, esta resulta hipnótica y cuenta con una labor brillante de planificación, fotografía, dirección artística y reparto, en especial por lo que toca a

Jon Hamm y

Jeff Bridges.

Lo mejor:

Hay dos formas de ver la película, ambas igual de satisfactorias

Lo peor:

En ocasiones Goddard está demasiado enamorado de su ficción como para que esta fluya con mayor libertad

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