Crítica de Jurassic World: El reino caído

Los dinosaurios dominan la tierra.

Quizá no sea decir mucho, pero este quinto episodio de la serie iniciada con Parque Jurásico (1993) es el más convincente tras aquel primero que dirigió Steven Spielberg, prorrogado por dos secuelas estrenadas en 1997 y 2001 y otra tardía, Jurassic World (2015), que reinventó la franquicia. Jurassic World: El reino caído es su continuación directa, una vuelta de tuerca más al argumento imaginado en un principio por el novelista Michael Crichton acerca de especies antediluvianas que se rebelan contra los seres humanos que las han recreado en nuestra era mediante ingeniería genética con fines crematísticos. Aunque la película no pase de ser fórmula y anécdota, y abuse de un sentimentalismo ramplón y algunos histrionismos audiovisuales, sabe aportar atmósfera y cierta dosis de originalidad a escenarios y situaciones vistos ya en demasiadas ocasiones, y se atreve incluso a esbozar rumbos insólitos para la saga. Por otra parte, la realización de J.A.Bayona abunda en detalles atractivos de puesta en escena y guiños referenciales oportunos, lo que contribuye a hacer de Jurassic World: El reino caído la superproducción más estimulante vista en lo que llevamos de 2018.

Lo mejor:

Su perfección técnica, fruto no solo delpresupuesto sino de la inspiración.

Lo peor:

La inanidad del factor humano, véanse dos de losprotagonistas menos carismáticos de la historia del cine.

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