Crítica de En buenas manos

Profesionalidad versus sentimentalismo

El hecho de que el segundo largo de Jeanne Herry haya sido un éxito de taquilla en Francia no significa que nos hallemos ante una de las tantas producciones mediocres que, afincándose en el espacio de la "dramedia", arrasan cada año entre el público galo. En buenas manos es uno de los estrenos más singulares de la temporada: la crónica de una adopción, desde el abandono de un bebé hasta que llega a las manos de quien será su nueva madre. Pese al detallismo casi documental con que está relatado el proceso, el filme se halla muy lejos de constituirse en una mirada aséptica a los hechos. Más bien, Herry aprovecha el viaje del pequeño Théo para meditar sobre los avatares que puntean toda existencia y aquellos actos y decisiones que hacen significativo nuestro paso por el mundo. Las mujeres y hombres que aparecen en En buenas manos, representados en tanto trabajadores, dejan continuamente entrever aspectos relativos a sus frustraciones, miedos y deseos personales. De esta manera, el filme de Herry -a contracorriente con respecto a la creciente reivindicación de lo emocional como brújula moral- nos habla de las relaciones que se establecen entre nuestro desempeño profesional y nuestros sentimientos. Una película muy bella.

Lo mejor:

Que bajo su aparente sencillez se esconda una de las reflexiones sobre nuestros tiempos más inteligentes de la temporada de estrenos

Lo peor:

Algunas concesiones dramáticas que buscan hacer más cálido el relato

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