Crítica de Climax

Lo sublime inalcanzable

La acogida entusiasta que ha recibido la última película hasta la fecha del argentino Gaspar Noé, cineasta kamikaze con largometrajes tan controvertidos en su haber como Solo contra todos (1998), Irreversible (2002) o

Love (2015), apunta menos a un viraje creativo en su carrera que a una incomprensión de sus obras previas, de las que

Climax es continuación muy coherente, si bien más evidentemente lúdica. Los prejuicios gestados en el seno de la cultura occidental, las pulsiones primitivas llamadas a sacrificar al otro en el altar de la propia satisfacción y la existencia misma como sendero tortuoso, acaso prefijado, hacia la nada, vuelven a manifestarse con fuerza en un filme que arranca como hedonista festival de cuerpos moviéndose en perfecta coordinación, donde todo parece posible; que continúa con un tramo central en el cual el plano cerca a los personajes, individualizándolos y, por tanto, distanciándolos definitivamente; y que culmina a través de una orgía de color y movimiento en un extraño lugar indeterminado, pero siempre estimulante, entre el cine de terror —nutriéndose de una amplia red de referentes estéticos—, la comedia grotesca y modalidades diversas de danza contemporánea. Como todos los trabajos de su artífice,

Climax oculta bajo pliegues de nihilismo la búsqueda de un éxtasis, en versos del músico Charly García, "que justifique con la acción toda fantasía". Pero lo que son las drogas, el alcohol o el amor para los personajes ideados por el autor de Enter the Void (2011), lo es para Noé el propio medio cinematográfico: una vía para intentar invocar, de manera arrebatada y excesiva, lo sublime, admitiendo desde el principio, casi sin excepciones, la derrota como destino final. O incluso una realidad mucho más dolorosa: certificar que acaso lo trascendental tampoco sea para tanto.

Lo mejor:

Las labores de realización, fotografía, música, montaje e interpretación se aúnan en una obra abrumadora, tanto como experiencia estética como por los discursos que suscita

Lo peor:

Una vez más, asumir el desequilibrio y la irregularidad como atributos esenciales del audiovisual que practica Gaspar Noé

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