Crítica de Call Me by Your Name

Estío eterno

En las narrativas contemporáneas se ha insistido en la temporalidad única del verano: una brecha de cadencia ociosa en la cotidianeidad, donde las posibilidades sensoriales y experienciales se expanden hasta límites improbables. La novela El vino del estío, de Ray Bradbury, la serie televisiva de Disney Phineas y Ferb o el videojuego de Campo Santo Firewatch prueban la vigencia de esta melancolía estival: un mundo con latido propio que, una vez agotado, deja la huella dolorosa del sueño evocado. Escrita por James Ivory y dirigida con mano maestra por un Luca Guadagnino (

Yo soy el amor,

Cegados por el sol) más inspirado que nunca,

Call Me by Your Name adapta libremente una novela de André Aciman sobre el romance entre un adolescente y el ayudante temporal del padre de este. Ubicando la ficción en un lugar y época vagamente determinados, Guadagnino y sus colaboradores consiguen armonizar una gran sofisticación formal con el flujo natural de un relato con no poco de ensoñador, pero en el que late la amarga sombra de lo fugaz y lo reprimido. En

Call Me by Your Name, lo efímero -para personajes y espectadores- alcanza en muchos instantes una dimensión mítica que lo eleva sobre lo contingente.

Lo mejor:

Las elaboradas imágenes discurren con naturalidad apoyadas en un ritmo a la vez ligero e hipnótico

Lo peor:

Algunas líneas de guion pecan de explicativas

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