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El retrato español en el Prado: de Goya a Sorolla en la Fundación Caixa Galicia de Coruña
07/9/2008
La muestra permite presentar las diferentes tipologías a través de ejemplos destacados de los sucesivos estilos: el neoclasicismo, el romanticismo y las diversas orientaciones del último tercio del siglo, entre las que destacan el realismo y el naturalismo. El retrato español en el Prado: de Goya a Sorolla en la Fundación Caixa Galicia de Coruña. Hasta el 7 de Septiembre. Lunes a viernes: 12:00 h. a 14:00 h. y 16:00 h. a 21:00 h.y sábados, domingos y festivos: 12:00 h. a 21:00 h
Museo del Prado conserva en sus colecciones un fondo muy amplio de
retratos del siglo XIX, que atestigua la importancia que tuvo el género
en esa centuria. En él están representados con sus obras maestras los
principales artistas españoles del siglo, para la mayoría de los cuales
el retrato fue un campo de creación privilegiado. Ello hasta el punto
de que algunos pintores destacados, como Vicente López, Federico de
Madrazo y su hijo Raimundo de Madrazo, se dedicaron en su madurez casi
exclusivamente a aquel género, también cultivado con asiduidad por
Francisco de Goya y Joaquín Sorolla.
SECCIONES
Goya y el Neoclasicismo
En la evolución de Goya hasta su muerte en 1828, la introspección de
sus retratos y la libertad y expresividad de su técnica suponen una
modernidad que anticipa el realismo. Algunos ecos de su pintura se
advierten en Agustín Esteve y José Ribelles.
Formado en la tradición dieciochesca, Zacarías González Velázquez
realizó obras de valía en una orientación clasicista interpretada de
manera personal. Vicente López es el gran retratista, Goya aparte, de
la primera mitad del siglo. Dotado de una manera muy personal, de gran
virtuosismo en la representación de los detalles, no dejó de
evolucionar en un estilo brillante que llega, desde los ecos rococó de
sus primeros retratos, hasta un tímido romanticismo en los últimos.
El estilo neoclásico internacional, caracterizado por el rigor del
dibujo y la claridad de la composición está representado por dos de los
alumnos de Jacques-Louis David, José Aparicio y José de Madrazo, éste a
través de un ejemplo tardío donde la frialdad del colorido se sustituye
por tonos más cálidos, características que, unidas a un intenso sentido
de lo real, pueden verse también en los retratos de Rafael Tegeo, que
preludian el Romanticismo.
El Romanticismo
El Romanticismo tuvo importancia en Sevilla, donde la
influencia de Murillo fue determinante en José Gutiérrez de la Vega,
José Roldán, José María Romero y Antonio María Esquivel, que logró un
lugar relevante en la Corte. En estos artistas aparecen iconografías
muy significativas, como el retrato de grupo, familiar e infantil,
también cultivado por Valeriano Domínguez Bécquer.
En Madrid, la herencia de Goya y la del Siglo de Oro se percibe en los
retratos de Leonardo Alenza. En seguida destacó la actividad
retratística de Federico de Madrazo y Carlos Luis de Ribera. Formados
en el purismo de influencia nazarena, que se ve aún en los equilibrados
óvalos del segundo, supieron evolucionar en su larga carrera. Madrazo,
muy atento al retrato francés y también al estudio de Velázquez,
proyectó su influencia, como había hecho su padre, merced a su posición
preeminente en la Escuela de Pintura, Escultura y Grabado, en la que
formó a numerosos discípulos. También de familia de artistas, Luis
Ferrant muestra la importancia del retrato juvenil y el malogrado
Víctor Manzano supone un precedente del realismo por la honestidad de
su pintura, sin efectismos.
Realismo y Naturalismo
Eduardo Rosales, que vuelve a la lección de Velázquez, es el
artista más renovador en los inicios del periodo. Su amigo Vicente
Palmaroli afronta las convenciones de un género en decadencia, como el
retrato real, con una interpretación de marcado carácter escenográfico.
La pintura francesa de la época influyó a los artistas españoles que
vivieron en París durante largas estancias, como José Casado y Raimundo
de Madrazo, hijo de Federico, reputado retratista del gran mundo.
También se distinguieron el sevillano José Villegas, autor de numerosos
autorretratos, y el catalán Francisco Masriera, que destacó por la
suntuosidad de sus ambientes.
En este periodo sobresalieron los pintores valencianos que, partiendo
de un realismo basado, como en el caso de Francisco Domingo, en el
estudio de Ribera y Velázquez, realizaron retratos con intuitiva
vivacidad y hábil colorismo. Así, Emilio Sala, que pintó en París y en
Madrid. Ignacio Pinazo, autor de muy expresivos autorretratos, revela,
en sus retratos de niños, una intimidad veraz y delicada a un tiempo.
Joaquín Sorolla es el gran retratista del naturalismo. En sus obras
interpretó con vigor la herencia velazqueña y consiguió prodigiosos
efectos de color y luz.
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