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Después de la alambrada. El arte español en el exilio 1939-1960
18/02/2010
Después de la alambrada. El arte español en el exilio 1939-1960. La Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC) y la Universidad de Zaroza recuerdan el 70 aniversario del comienzo del exilio con la exposición Después de la alambrada. El arte español en el exilio 1939-1960, que analiza por primera vez en profundidad los distintos exilios geográficos, sociológicos, ideológicos y estéticos que desgarraron e impregnaron el arte español del siglo XX. La exposición, producida también por el Ayuntamiento de Córdoba, la Fundación Caja Sur, la Fundación Provincial de Artes Plásticas Rafael Botí. Diputación de Córdoba, el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC), la Junta de Andalucía, la Universidad de Córdoba y la Universidad de Valencia, reúne casi doscientas piezas de medio centenar de artistas que evidencian la importancia de la cultura artística del exilio y su aportación fecunda a las nuevas tierras de acogida. La muestra, comisariada por Jaime Brihuega, también ahonda en las claves temáticas y formales del imaginario artístico del exilio, así como en los elementos que asociaron o disociaron el arte producido antes y después de la contienda fratricida.
Como el resto de nuestro acontecer histórico y cultural,
el arte español del siglo XX quedó violentamente fracturado por el conflicto
bélico de 1936 y su fatal desenlace, partiéndose en dos hemisferios
cronológicos claramente diferenciados y separados por la guerra civil. Los
efectos de tal corte se acrecentaron más aún, si cabe, como consecuencia de la
Segunda Guerra Mundial. Con ella se perturbó también el hilo conductor de la
cultura artística internacional y se congeló momentáneamente el marco de
referencias que había venido presidiendo la modernización de la cultura
artística española durante todo el primer tercio de siglo. El aislamiento
internacional de la España de la Autarquía terminó de sellar con rigor el muro
de esta frontera del tiempo histórico. En medio de tales circunstancias, tras
la victoria de los sublevados, muchos españoles fieles a la República se vieron
forzados a abandonar el territorio nacional. Entre ellos un buen número de
artistas que, por razones políticas o de asfixia
cultural, debieron exiliarse y se dispersaron por varios rincones del planeta.
El espacio cronológico
que plantea la exposición tiene como límites simétricos los años 1939 y 1960, dos hitos claros en el
proceso evolutivo del arte español. La primera fecha marca el final de la
guerra civil y el comienzo del exilio mientras que la segunda señala el inicio
de modernización que comenzó a manifestar el arte en la España gobernada por
Franco. Sobre este segmento histórico se despliega una reflexión estética e
ideológica acerca del arte del exilio español en su conjunto, abordando la
naturaleza de las transformaciones experimentadas por los lenguajes visuales
que los artistas transterrados llevaban como equipaje al abandonar España y
ahondando en la tensión que se produjo entre la persistencia (o
desvanecimiento) de la memoria del origen y su metamorfosis a partir de la irrupción del
nuevo paisaje histórico, cultural y estético que supusieron los nuevos
contextos.
La muestra reúne
casi doscientas piezas que han sido cedidas para la
ocasión por más de 70 colecciones públicas y privadas de dentro y fuera de
nuestras fronteras. La restricción en el número de artistas representados
obedece a la intención de huir de la minuciosidad erudita por lo que se ha
seleccionado al medio centenar de nombres historiográficamente
más consolidados. De ellos, se exponen no sólo algunas de las obras que
realizaron durante su exilio sino también algunas de las piezas que crearon
durante el periodo republicano con el objetivo de dotar al espectador de una
mirada activa que le haga reflexionar sobre la mutación de los paradigmas
argumentales y estéticos del arte español de los años treinta o, por el
contrario, sobre el espejismo de su continuidad. La exposición ofrece, además,
la posibilidad de ver por primera vez en España algunas obras de Remedios Varo
(El Tifora,l 1947), Moreno Villa (Nocturno, 1950-1952), Manuela Ballester (Retrato de Totli, 1949), Elvira Gascón (Cristo, c. 1957) y Martín
Durbán (Maternidad, 1943), entre otros.
Las obras se han agrupado
en torno a los dos grandes territorios geográficos sobre los que se diseminó
nuestro exilio artístico:
1. El exilio en el continente americano
La Sala Museística Caja Sur acoge las dos primeras partes de la muestra dedicadas
a los artistas mexicanos, del Cono Sur Américano y de otros destinos del exilio
transoceánico. México fue uno de los escenarios más
intensos. Con el aparatoso despliegue del muralismo y con la orientación de
cuño indigenista de muchas de sus propuestas culturales, México ofrecía un
clima artístico densamente pertrechado en lo ideológico. Eran señas de
identidad muy visibles que, asociadas a una infraestructura cultural y
artística tupida y solvente, convertían al país azteca en un escenario apto
para agitadas confrontaciones de ideas y de formas. Pero también se trataba de
un país permeable para ser fecundado por el voluminoso equipaje de sabiduría y
creatividad que aportaba el exilio español en el campo del pensamiento, la
literatura, la música, la arquitectura, el diseño gráfico y por supuesto, las
artes plásticas. Este desembarco de intelectuales y creadores españoles dio
lugar, a su vez, a una importante trama de plataformas culturales asociadas al
exilio en un auténtico encuentro entre culturas.
Entre los artistas más
importantes de este destino del exilio cuyas obras están presentes en la
exposición cabe mencionar a Aurelio Arteta, Antonio Ballester, Manuela
Ballester, José Bardasano, Salvador Bartolozzi, Enrique Climent, Roberto
Fernández Balbuena, José García Narezo, Elvira Gascón, Ramón Gaya, José Moreno
Villa, Josep Renau, Antonio Rodríguez Luna, Miguel Prieto, Arturo Souto y Remedios Varo.
El exilio en el Cono Sur americano es el segundo destino que congregó a más artistas dentro del exilio de
ultramar, sobre todo Buenos Aires, que componía un espacio cultural dotado de
mucho peso específico, donde los transterrados, sobre todo los de origen
gallego, estaban dispuestos a convertirse en términos activos de diálogos
fecundos. Este apartado de la exposición reúne obras de Rafael Alberti,
Manuel Ángeles Ortiz, Manuel Colmeiro (que en 1948 se
trasladó a París), Maruja Mallo (que también estuvo
en Chile) y Luis Seoane.
Este primer apartado se cierra con un recuerdo a los otros
destinos del exilio transoceánico. El resto de los
destinos de encuentro de América Central y del Sur, como Cuba, República Dominicana, Venezuela,
Puerto Rico o Guatemala, supusieron escenarios de menor intensidad, tanto por
sus variadas situaciones políticas y actitudes frente al exilio republicano,
como por la menor solvencia de sus respectivas tramas culturales. Y, en todo
caso, por el menor numero de artistas transterrados, que no llegaban a componer
"colectivos de exilio", como ocurría en México o Argentina. En
cambio, Nueva York se mostraba ante los ojos de los
artistas exiliados como un nuevo y deslumbrante epicentro de la creación
artística mundial.
Este apartado reúne obras de Eugenio Granell (residió en Santo Domingo, Guatemala, Puerto Rico y USA), Cristóbal
Ruiz (vivió en Puerto Rico, además de pasar por París
y Nueva York), Ramón Martín Durbán (residió en
Venezuela); Josep Gausachs y Vela Zanetti (vivieron en Santo Domingo y el segundo también en Nueva York). En
Estados Unidos, por su parte, fijaron su residencia principal Luis
Quintanilla (en 1957 se trasladó a París) y Joan
Junyer (primero había estado en Santo Domingo).
2. El exilio en el continente europeo
El Palacio de la Merced acoge
el segundo apartado de la exposición dedicado al exilio en el continente
europe. A pesar de la ocupación nazi y de comenzar a perder luego el liderazgo
como centro mundial del arte contemporáneo, París siguió
representando una meca para los artistas del exilio español. Por supuesto, para
los que ya habían experimentado previamente la esplendorosa vida cultural de la
Ciudad de la Luz pero, renovadamente, para los que la abordaban por primera
vez. A ello hay que añadir que, después de la liberación, París se convertiría
en un verdadero santuario del antifranquismo.
Pero el caso de Francia y, fundamentalmente el de París,
requiere un tratamiento especial, pues muchos artistas que no viajaron a España
después de la guerra estaban ya instalados de antemano en la capital francesa y
prácticamente no tenían protagonismo directo en la vida artística de la España
republicana (Picasso, Julio González, Bores, Viñes, De la Serna, Dalí.). En
estos casos, e independientemente de sus ideas y comportamientos políticos, no
puede hablarse estrictamente de artistas transterrados. En cambio, sí hemos de
considerar de alguna manera exiliados políticos a aquellos que, residiendo más
o menos habitualmente en París, pero teniendo importantes vínculos con la vida
cultural española, decidieron desconectarse de ella y no pisar territorio español hasta pasado largo tiempo. Por eso,
sumando el transterramiento propiamente dicho y el "de facto", los artistas exiliados en Francia componen un plantel considerable: Esteban
Francés, Timoteo Pérez Rubio (irá también a Suiza y a
Brasil), Manuel Viola, Joan Rebull, Antonio Clavé, Baltasar Lobo, Honorio
García Condoy, Feliú Elías, Óscar Domínguez, Ángel López Obrero, Antoni García
Lamolla, Leandre Cristòfol (también en Marruecos), entre otros, que están presentes en este capítulo de la
exposición.
Londres, por su parte, supuso una residencia fugaz para José María Ucelay y Gregorio Prieto, mientras que la Unión
Soviética representó una circunstancia intensísima en
la vide de Alberto -proporcionándole elementos para
un diálogo entrañable entre la memoria de España y la asimilación de la nueva
realidad geográfica y cultural- y de Julián Castedo.
La exposición se completa
con la creación de tres instalaciones audiovisuales simbólicas sobre la guerra, los
campos de concentración y la travesía del océano. Espacios-itinerarios que
funcionan como "ictus iniciáticos" que deben atravesar los espectadores
para visitar los dos grandes apartados en los que está dividida la exposición.
La muestra cuenta también con la proyección de un cortometraje
cinematográfico sobre el exilio español realizado ex
profeso por el cineasta Joan Dolç para la presente
muestra, así como dos collages antológicos (un audio
musical y un vídeo cinematográfico) realizados respectivamente con obras compuesta por nuestros músicos y
cineastas en el exilio.
Más información:
Sedes y fechas:
Sala Museística Caja Sur (Ronda de los Telares, 8 Córdoba)
Del 19 de diciembre de 2007 al 18 de febrero de 2010
Palacio de la Merced (Plaza Colón, 15 Córdoba)
Del 19 de diciembre de 2007 al 18 de febrero de 2010
La Nau (Valencia)
Del 26 de febrero al 25 de abril de 2010
Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC) (Badajoz)
Del 4 de mayo al 4 de julio de 2010
Paraninfo de la Universidad de Zaragoza (Plaza Basilio Paraíso, 4)
Del 7 de octubre al 13 de diciembre de 2009
Entrada gratuita
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