Crítica de Un atardecer en la Toscana

El declive del sueño europeo

Esta rareza del polaco Jacek Borcuch está lejos de ser una gran película, dado que muchos de sus planteamientos dramáticos –los debates generacionales, los apuntes sobre comportamientos colectivos…– se quedan a medio camino en lo que pretenden. Sin embargo, nos encontramos ante una producción que sería estimulante ya solo por apelar a una perspectiva poco explorada en el cine contemporáneo: las posiciones de la clase creativa actual con respecto al auge en Europa de un terrorismo de raíz falazmente islámica. Ni la presencia de una actriz veterana y conocida (Krystyna Janda), ni la apelación a ciertos imaginarios del joie de vivre de la izquierda burguesa son recursos en absoluto inocentes. Borcuch se las arregla para establecer una dura crítica a la falta de atributos actual del continente que habitamos, pero a la vez apunta con malicia a la desconexión de la intelectualidad progresista actual con respecto a unas realidades mucho más complejas y crudas de lo que están dispuestas a asumir. Un atardecer en la Toscana es un filme incómodo, como sigue siéndolo la visionaria Una película hablada, de Manoel de Oliveira. Pese a que muchos de sus apuntes terminen siendo estériles, el calado de su discurso es indudable. 

Lo mejor:

La contundente sencillez con que se nos describe el fin de una manera de entender Europa.

Lo peor:

Se queda a medios en muchos aspectos, y la escena final es espantosa.

Fecha de publicación: 21/06/2019

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