Crítica de A dos metros de ti

Nacer para morir

En la órbita de un clásico popular reciente como es Bajo la misma estrella (2014), A dos metros de ti relata un breve e intenso romance adolescente, condenado aparentemente a la tragedia por las enfermedades que sufren sus protagonistas. Durante su hora inicial, el primerizo Justin Baldoni se las arregla a la perfección para dotar de entidad visual y dramática a una narración arquetípica, pero vivaz gracias a la franqueza con que fluyen las meditaciones acerca de la relación entre la vida y la muerte, o la experiencia física y la virtual. Las imágenes, sencillas pero de rotundos mimbres expresivos, así como la deslumbrante interpretación de Haley Lu Richardson (bien acompañada por Cole Sprouse), bastan para hacer de la película un posible hito del género. Lástima que su segunda mitad desmerezca la espontaneidad de los primeros compases. El problema no es tanto que recurra a todo tipo de clichés, sino que lo hace como si estuviera pagando un peaje, convirtiendo su desenlace en un tramo rígido, forzado y puntualmente ridículo, si salvamos el emotivo clímax en la nieve. En sus últimos cuarenta y cinco minutos, A dos metros de ti se mantiene a duras penas en pie únicamente gracias a la estupenda labor de sus intérpretes.

Lo mejor:

Haley Lu Richardson: su presencia es más que suficiente para colmar de vida a la película

Lo peor:

Su segunda mitad, casi siempre artificiosa y falsa

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