La tragedia repetida

febrero 2, 2012 Posted by Miguel Santamarina

No, eso no es fútbol, ni deporte, es solo violencia, violencia salvaje que se sirve de la popularidad de un juego para derramar sangre y asesinar brutalmente. Por desgracia no ha sido la primera vez y tampoco será la última. El interés mediático que suscita el llamado deporte rey le hace acreedor de un especial interés para las bandas de delincuentes, más o menos organizadas, de las que se nutren los estadios cada fin de semana. Como siempre ocurre en estos casos, nos llevaremos las manos a la cabeza y acompañaremos nuestro café con leche con frases de lo más tópicas; pero el problema seguirá ahí latente, esperando su próxima oportunidad.

Podemos pensar que esto solo ocurre en países convulsos como Egipto, pero si tiramos de hemeroteca nos daremos cuenta que aquí, en la civilizada Europa, todavía tenemos cadáveres frescos. Y lo que es peor, habrá más. Porque este próximo domingo los clubs seguirán dejando entrar en sus estadios, con absoluta impunidad, a una legión de fanáticos, totalmente identificados y reconocidos como tales, que en cualquier momento pueden acabar con la vida de una persona poniendo como excusa un fuera de juego mal pitado o un supuesto penalti que no lo fue. Todo equipo tiene sus ultras y nadie o casi nadie se atreve a plantarles cara. Muchos y manidos son los argumentos esgrimidos, algunos de lo más cínicos: que si son los únicos que apoyan en los momentos difíciles, que si no fuera por ellos no habría afición en el estadio…

Si realmente hubiera un interés por acabar con la violencia en los campos de fútbol, esta se extinguiría. ¿Acaso vemos hordas de seguidores de Nadal enfrentarse a navajazo limpio con los de Federer? La respuesta fácil a esta pregunta es argumentar que aunque no ocurra en el tenis en otros deportes también hay muertos.  Sí, efectivamente también lo hay, muchos menos, pero los hay. El motivo: haber realizado la misma política de permisividad con los violentos. No podemos conformarnos con moderar o atenuar la violencia, como se ha hecho después de las tragedias de Heysel o Hillsborough; los clubs, los gobiernos, la sociedad tiene la obligación moral de acabar con ella.

Hay una frase de Sir Bobby Charlton que siempre recuerdo cuando veo rodar un balón: ” Para mí un día con fútbol es como el día de Navidad para un niño”. Y eso debería ser siempre este bello deporte. Hoy no hay videos que ilustren este post, quizás lo harían más visible en la red, pero en este caso nos los ahorramos.

 

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