Música


5
jul 11

Serenates 2011: Diablito Tango + Nesrine Belmokh

Que el bandoneón lo toque un argentino es lo suyo. Que un estadounidense se encargue del contrabajo, aún. Pero que los tangos y las milongas los interprete una francesa con acento del Loira supone una auténtica bomba para puristas. Bum. Pero así es Diablito Tango, el dueto instrumental, y así Nesrine Belmokh, la guapa vocal francesa de padres algerianos. Todos juntos, el explosivo trío que ayer clausuró el ciclo Serenates 2011 organizado por la Universidad de Valencia.

La noche fue muy agradable, ni fresca ni calurosa, en el viejo claustro de La Nau. A pesar de que el tango parece pedir arena, la piedra centenaria del edificio supo estar a la altura del rematado clasicismo del repertorio. Muchos años 30 y muchos años 40, además de una pieza decimonónica (el “Don Enrique”, de Rosendo Mendizábal) y dos concesiones a los integrantes no argentinos del grupo: una canción francesa de Serge Gainsburg (“Javanaise”) y otra americanade Richard Adler y Jerry Ross (“Whatever Lola Wants”).

Después de las tres primeras piezas, instrumentales y dulces como la misma noche, en la cuarta irrumpió la voz de Nesrine cantando Nostalgias. Y estuvo enorme. Como de una mujer se puede conocer perfectamente si sabe cantar tangos dependiendo de si uno, entre medias, quiere tirársela o no, se podría decir que en su estreno Nasrine se hizo desear por medio aforo, aproximadamente. Más tarde representó con gracia y arte andalusíes la divertida “Se dice de mí”, se defendió como pudo con “El día que me quieras” -canción condenada al almíbar cuando no la canta Gardel- y pareció americana cuando al cantar en francés y francesa al cantar en inglés, que es lo mejor que puede decirse en favor del cosmopolitismo.

En la parte mala: el bis de “Nostalgias”, que por acumulación de errores -incluido los del micrófono- se descubrió innecesario, y mi vecino de butaca, empeñado en suplir la falta de instrumentos de percusión dándose palmadas en las rodillas. Palmadas solventes, he de decir, pero abiertamente prescindibles.


4
mar 11

Crazy in love

Bon Jovi, Lionel Richie, 50 cents, Beyoncé, Nelly Furtado o Mariah Carey son algunos de los artistas que han actuado en conciertos privados para los Gadafi a cambio de aproximadamente un millón de euros por actuación. De todos ellos, y tras los últimos acontecimientos revolucionarios en Libia, al menos las tres últimas cantantes han declarado haber donado dicha cantidad a fines humanitarios. Esta noticia me ha hecho recordar unas elocuentes declaraciones con las que nuestro Presidente del Gobierno criticaba al líder de la oposición hace un par de semanas: “Se puede cambiar de criterio en función de las circunstancias, lo que es bastante insólito es que no se tenga criterio.”

(Inciso: A pesar de lo que diga el Presidente, él sabe y todos sabemos que Mariano Rajoy tiene criterio. Lo que ocurre es que prefiere no mostrarlo para no perder votos. No estamos, por tanto, ante un caso de falta de criterio sino de perversión de la democracia, que es mucho peor.)

A lo que iba.

Beyoncé, Nelly Furtado y Mariah Carey han donado íntegramente a fines benéficos la cantidad que Gadafi les dio a cada una por cantarle. La clave de esta información está en la integridad, en el millón de euros aproximado, pues convierte el dinero donado en el dinero recibido -más allá de la contingencia fugaz de los billetes- y convierte, en consecuencia, la acción solidaria en acto de desquite y penitencia. “El clan Gadafi me pagó un millón de dólares por un espectáculo de 45 minutos ante invitados en un hotel en Italia. Donaré los dólares”, ha twitteado Nelly Furtado. “Me siento horrible y avergonzada por haber participado”, ha confesado Mariah Carey dándose amortiguados golpes en el pecho.

Ni la ignorancia debería servir de excusa ni la excusa de justificación. ¿Qué hay de malo en que varios millones de dólares pasen de manos de personas que oprimen al pueblo a personas cuyo trabajo es divertir a ese pueblo? Reprobable, en todo caso, sería que las canciones de estas artistas hablaran de lo bien que se está en sin libertades y de lo bueno y sabio que es el dictador… Pero creo que no es el caso.

Ahora bien, donar el dinero a tirano pasado es una forma de blanquearlo y de blanquearse. De blanquearlo porque, al fin y al cabo, supone reconocer que el tal era dinero sucio y de blanquearse porque así se evitan el dar explicaciones sobre sus malas compañías. Una publicidad con la que entonces prefirieron no contar.

Como dijo el Presidente, “se puede cambiar de criterio en función de las circunstancias”. Lo que es insólito, digo yo, es que el cambio de criterio tire siempre hacia el beneficio propio en vez de a la dignidad común.