Que el bandoneón lo toque un argentino es lo suyo. Que un estadounidense se encargue del contrabajo, aún. Pero que los tangos y las milongas los interprete una francesa con acento del Loira supone una auténtica bomba para puristas. Bum. Pero así es Diablito Tango, el dueto instrumental, y así Nesrine Belmokh, la guapa vocal francesa de padres algerianos. Todos juntos, el explosivo trío que ayer clausuró el ciclo Serenates 2011 organizado por la Universidad de Valencia.
La noche fue muy agradable, ni fresca ni calurosa, en el viejo claustro de La Nau. A pesar de que el tango parece pedir arena, la piedra centenaria del edificio supo estar a la altura del rematado clasicismo del repertorio. Muchos años 30 y muchos años 40, además de una pieza decimonónica (el “Don Enrique”, de Rosendo Mendizábal) y dos concesiones a los integrantes no argentinos del grupo: una canción francesa de Serge Gainsburg (“Javanaise”) y otra americanade Richard Adler y Jerry Ross (“Whatever Lola Wants”).
Después de las tres primeras piezas, instrumentales y dulces como la misma noche, en la cuarta irrumpió la voz de Nesrine cantando Nostalgias. Y estuvo enorme. Como de una mujer se puede conocer perfectamente si sabe cantar tangos dependiendo de si uno, entre medias, quiere tirársela o no, se podría decir que en su estreno Nasrine se hizo desear por medio aforo, aproximadamente. Más tarde representó con gracia y arte andalusíes la divertida “Se dice de mí”, se defendió como pudo con “El día que me quieras” -canción condenada al almíbar cuando no la canta Gardel- y pareció americana cuando al cantar en francés y francesa al cantar en inglés, que es lo mejor que puede decirse en favor del cosmopolitismo.
En la parte mala: el bis de “Nostalgias”, que por acumulación de errores -incluido los del micrófono- se descubrió innecesario, y mi vecino de butaca, empeñado en suplir la falta de instrumentos de percusión dándose palmadas en las rodillas. Palmadas solventes, he de decir, pero abiertamente prescindibles.