Crítica de Bienvenidos a Marwen

La vida secreta de Mark Hogancamp

La trayectoria de

Robert Zemeckis es una de la más apasionantes en las últimas décadas de Hollywood. Sin ir más lejos, el director ha demostrado en

El desafío (2015) y

Aliados (2016) un nivel admirable de abstracción estilística, (auto)reflexividad en torno a las imágenes y la tecnología que las posibilita, y percepción del acto creativo como universo que engloba y resignifica lo vital.

Bienvenidos a Marwen se basa en la historia verídica de Mark Hogancamp, víctima de una terrible agresión que ha superado mediante la elaboración y el fotografiado de dioramas que pueblan figuras de acción y muñecas: un proyecto idóneo para arrojar más luz sobre las inquietudes de Zemeckis. Sin embargo, la película no logra en la práctica que establezcan un diálogo fluido las fantasías infantiles y fetichistas que Hogancamp deposita sobre sus muñecos y el incierto mundo real que le rodea; ni, por extensión, una armonía entre los registros de la aventura escapista y el drama de superación personal.

Bienvenidos a Marwen constituye sin duda una rareza, su juego entre imágenes digitales y fotorrealistas es sugerente, y, en el futuro, será clave para interpretar el cine de Zemeckis. Pero como ficción resulta estéril.

Lo mejor:

Como antes en Zemeckis, nos hallamos ante una relectura de clásicos en la línea de Frank Capra

Lo peor:

El director acaba por desvelarse más alienado que su protagonista en sus juegos con los muñecos y la técnica

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