Crítica de Beautiful boy, siempre serás mi hijo

Limitaciones expresivas

Al igual que

Alabama Monroe (2012), el largometraje más celebrado hasta la fecha del cineasta belga

Felix Van Groeningen,

Beautiful Boy. Siempre serás mi hijo lo tiene todo para funcionar y, sin embargo, la propuesta se queda a mitad de camino en lo que pretende. El relato autobiográfico del periodista David Sheff (

Steve Carell) acerca de la lucha por su hijo Nic (

Timothée Chalamet), sumido en el abismo de las drogas, es sugerente y poderoso, y tanto los recursos dramatúrgicos del filme como la implicación de la pareja protagonista aportan convicción a varias escenas y secuencias. El problema es que este compendio de encuentros y desencuentros paternofiliales en ningún momento adquiere la naturalidad deseada en las imágenes, ya sea por la artificiosidad de unas formas más estilosas que verdaderamente ajustadas a la narración, o a causa de una estructura amorfa, en la que no predomina ningún punto de vista, mirada o discurso a los que pueda atenerse el espectador. Por todo ello, y pese a sus evidentes esfuerzos,

Beautiful Boy. Siempre serás mi hijo únicamente consigue abrirse paso hasta nosotros en contadas ocasiones, y si el filme resiste a duras penas hasta el final es especialmente gracias a un elenco notable.

Lo mejor:

Steve Carell y Timothée Chalamet

Lo peor:

La película casi nunca llega a funcionar

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