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Max, el alma de la película "Donde viven los monstruos"

Max, el alma de la película "Donde viven los monstruos"

03/12/2009 por laguiago.com

Max, el alma de la película "Donde viven los monstruos". La elección del actor para el papel de Max era crucial.  Supuso un año de búsqueda en varios continentes, puesto que los realizadores utilizaron no sólo los métodos habituales recurriendo a agentes de casting sino que hablaron personalmente con amigos y colegas que pudieran conocer a un joven que se ajustara a sus criterios para ser el protagonista de Donde viven los monstruos.       

           

"Querían a un niño real-no necesariamente a un actor que encarnase a un ‘niño de película', sino a alguien que realizase una interpretación real y emotiva", dice Jonze, que reconoce, "A medida que avanzábamos, resultaba evidente que iba a ser difícil encontrar los dos aspectos de Max en un mismo niño.  Tenía que ser un niño con una profunda vida interior y muchas cosas en la cabeza.  Un primer plano suyo debería mostrar lo que piensa y lo que siente.  Al mismo tiempo, necesitábamos que a veces se comportara de una manera alegre y alocada.  Podíamos encontrar al uno o al otro, pero encontrar a ambos resultaba difícil".             Jonze encontró esta dualidad en un chico casualmente llamado Max-Max Records.  Records, que tenía ya cierta experiencia ante las cámaras, había intervenido en dos vídeos musicales.  Él y el director conectaron inmediatamente.  Según Landay, "Resultó fascinante ver a Spike trabajar con él y el modo en que consiguió que asumiera la visión que Spike tenía de Max.  Nunca hizo concesiones, pero comentó, ‘Vale, sólo tiene nueve años, es todo lo que puedo conseguir de él.' Esperaba tanto de él como de James Gandolfini".

            El papel de Records en la película constaba de dos fases: la vida familiar de Max, y después su viaje por el mar para enfrentarse a parajes inexplorados. 

            "La vida de Max es bastante caótica en su casa, donde muchas cosas están fuera de su control", dice Eggers.  "Sus padres están divorciados, su hermana ha llegado a la adolescencia y en cierto modo lo está abandonando porque tiene otros intereses.  Llega a un punto en el que todas esas personas están demasiado atareadas para darse cuenta de que necesita atención, por lo que se pone su traje de lobo y arremete contra todo lo que encuentra.  Lo siguiente que sabemos es que se va de casa".

            Estas primeras escenas ofrecen una sensación de las innumerables cuestiones, así como de los impulsos creativos, las frustraciones y las intensas emociones que pueden entrar en conflicto en la activa mente de un muchacho que intenta adaptarse al mundo y encontrar su lugar en él-y las razones de porqué, a menudo, un niño puede añorar un mundo en el que él mismo tenga el control.

            Como parte de su preparación, Jonze se propuso llegar al fondo de las auténticas preocupaciones de los niños desde el punto de vista de éstos, diciendo, "Entrevisté a muchos chicos para conseguir inspiración e ideas.  Hablé con ellos sobre las cosas que les ponían furiosos, las discusiones que tenían con sus padres, y cómo se sentían.  Es difícil cuando tienes esa edad".  

            "Cuando rodamos la película, sólo le permití a Max que leyera el guión una vez y le dije, ‘No quiero que pienses en él.  Sólo quiero que llegues el día fijado y que veas lo que te vas a encontrar,'" Jonze explica su estrategia.  "Quería que la película fuese fresca.  La complejidad de los diálogos es muy exigente.  Conseguir esto, que no sean simplemente diálogos sino que sea algo pensado y sentido y que surja de un lugar concreto, es duro.  Lo que le estaba pidiendo que hiciera a Max le resultaría difícil a un actor adulto".   

            En "Donde viven los monstruos", interviene Catherine Keener en el papel de la cariñosa pero agobiada madre de Max.

            Después de rodar sus primeras escenas con Records, Keener, también productora asociada de la película, permaneció durante parte del posterior rodaje en exteriores en Australia para colaborar activamente con Jonze y contribuir como colaboradora y aportar su visión trabajando con Max y los Monstruos.  "La experiencia de trabajar con Max me causó una profunda impresión", señala.  "Su naturalidad y su nobleza de espíritu se manifiestan en cada escena.  Fueron meses de duro trabajo y en todo momento nos aportó una gran alegría".

            "Catherine me ayudó mucho", dice Records.  "Por ejemplo, hay una escena en la que entro en la habitación de mi hermana y tengo que parecer que estoy realmente loco.  Con anterioridad, Catherine se propuso hacerme gritar.  Consiguió que dijera todas las palabrotas que podía pronunciar".

            Records también tuvo un mentor en Jonze, que pronto se dio cuenta de que dirigir a un muchacho exigía un planteamiento diferente al que estaba acostumbrado y era físicamente mucho más exigente.  "Había poco tiempo para relajarse.  Estaba constantemente atareado porque el trabajo con Max tenía que ser interactivo", dice.  "No era cuestión de que viera sus tomas y le diera indicaciones.  Siempre me estaba moviendo con él, ya fuera saltando o gritando, o hablando con él para lograr una reacción.  En cualquier caso, fue una dirección muy interactiva".   

            Los extremos a los que llegó el director para conseguir reacciones o una emoción concreta de Records tuvo como resultado una memorable serie de interpretaciones por derecho propio que el joven actor recuerda ahora con placer.  "Hacía todo tipo de locuras.  Incluso llegó a poner unos grandes lanzallamas detrás de la cámara para asustarme.  Contrataron a un grupo de comediantes para que hicieran trucos, y Spike aprendió a tragar fuego.  Lo de tragar fuego realmente funcionó, porque no lo hacía muy bien.  Los trucos de Spike realmente me hicieron a veces sentir miedo.  El único inconveniente era que no me asustaba que me fueran a comer los Monstruos; lo que me asustaba era que Spike se fuera a quemar la lengua".

            Entre los momentos más destacados del rodaje, Records menciona la colosal batalla con barro entre Max y los Monstruos como uno de sus favoritos, especialmente porque parte de la acción fue realzada con pirotecnia.  "Una escena realmente divertida fue cuando estaba corriendo por el bosque.  Es prácticamente un campo de minas, porque están cayendo todo el barro y explotando en el suelo.  El equipo de efectos especiales había escondido pequeños explosivos en las hojas y todo a mi alrededor era ‘bum, bum, bum.'" 

            La escena que menos le gustó a Records fue una en la que Max debe deslizarse por la gigantesca boca de uno de los Monstruos y llegar a su estómago para esconderse.  La peor parte no fue ni el agobio ni el calor, ni tan siquiera los cables atados a su espalda; fue estar cubierto con un gel al que se refiere como "un barro que olía a limones podridos".

            "Siempre estaré inspirado por Max.  Trabajó realmente duro pero sabía cómo divertirse.  Al margen de lo difícil que fuera la escena, yo llegaba a comer y él se había puesto su traje de lobo y estaba corriendo con los otros niños.  Me ayudó a recordar que se supone que hacer películas es divertido", confiesa Jonze.  "Establecí muchas relaciones diferentes en esta película, pero la que tuve con Max fue muy especial.  Max contribuyó a que yo consiguiera mostrar el alma de la película.  Él es el alma de la película". 

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